8/3/16

Cuando deberían caminar nuestros peques

Pues yo pensaba que la Patatita tardaría más, pero he de reconocer que me está sorprendiendo gratamente.

Cuando pasamos la revisión de los doce meses, la patatita sólo gateaba, y a su manera, es decir, con el culete, no a cuatro patas, por lo que no sabía ponerse de pie.

La pediatra nos dijo que si en un mes no se ponía de pie o al menos, utilizaba de alguna forma sus piernas, tendrían que hacerle alguna prueba protocolaria para ver que todo estaba en orden.

Ahí nos pusimos las pilas.

Todo lo que escuché hasta ese momento fue:
  • No calces a tu niño hasta que empiece a caminar (tampoco recomiendan calzado sin suela, mejor dos pares de calcetines en invierno).
  • No pongas a tu peque de pie. Tiene que hacerlo solito, si lo pones tú, se le arquearán las piernas.
  • Cuando por fin se ponga de pie, tiene que usar calzado blandito y que no le cubra los tobillos.
  • El tacatá no lo uses, es peligroso para los bebés. 





Todo esto se repetía una y otra vez en mi cabeza, por eso hasta el día de esa revisión, mi hija nunca apoyó los pies en el suelo de la mano de otra persona. Estaba prohibidísimo.

Mi amiga J me dejó un tacatá, y poquito a poco mis papis, como personas con experiencia en estos temas se pusieron a motivarla para que aguantase de pie cada día un poquito. La pediatra me confirmó que con un añito sus piernas sí están preparadas y podíamos hacerlo.

Así que al fin, me he dado cuenta de que con mi peque no han valido todas las cosas que ahora recomiendan y que, los mayores, con todo eso de que no están modernizados, tenían la razón en todo lo que me decían y que yo no quería escuchar.


Después de comprar sus primeros zapatos blanditos y sin que le cubriesen los tobillos, hace una semana estrenaba unas botitas Pablosky con las que ha empezado a dar sus primeros pasos sola. Así que una vez más los mayores, en mi caso, volvían a tener razón.



Sé que lo que sirve para unos peques, es lo peor para otros. Eso lo tengo claro. Pero en mi caso, me lamento de no haber escuchado más a los abuelos.

Ahora empezaremos la siguiente fase. La de los porrazos y la árnica.



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